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viernes, 24 de marzo de 2017

Divagaciones sobre la lectura



LEER PARA SER MEJORES
Pedro M. Domene

              
        No creo que exista ningún método pedagógico que afirme que la obligatoriedad de la lectura garantice el éxito de la misma. Difícil tarea, pues, nos imponemos desde las filas de los lectores para desarrollar un título como el presente: «LEER PARA SER MEJORES». El deseo de leer—afirma Víctor Moreno—no es natural. La obligatoriedad de la lectura se convierte en ese calvario por el que pasan los «jóvenes posibles lectores» que observan desde su negación esa necesidad que les imponemos los mayores, con la única garantía de que la lectura proporciona placer, también humaniza, en algún sentido libera, forma intelectualmente, entretiene a unos y a otros, pervierte en la mayoría de los casos y, finalmente, se convierte en una pasión. Ninguno de estos argumentos son suficientes para convertir en lectores a aquellos niños o aquellos jóvenes que jamás han tenido un libro en sus manos. El proceso de lectura, visto desde otra óptica, exige, por tanto, una dosis muy abundante de heroicidad e, insistiendo en este sentido, no sabemos hoy muy bien si cualquier niño o cualquier joven quiere o pretende ser un héroe. Leer un libro exige, por otra parte, una capacidad de concentración a la que los no lectores no están dispuestos a someterse. Es decir, exige inteligencia y concentración, dos actitudes difíciles de compaginar en la sociedad contemporánea.
        La experiencia de la lectura puede pensarse, en el mejor de los casos, como esa imagen de algo que penetra en lo más profundo de nuestro ser y, por consiguiente, al leer permitimos que algo se apodere de esa imaginación, de esos deseos y de esas ambiciones que conforman nuestra vida. Más allá de esta visión se me ocurre apuntar que lo importante no sería intentar convertir la experiencia formativa de la lectura en ese «objeto» del que siempre tendríamos que dar cuenta, sino que, más bien, se trataría de ponernos a escuchar toda esa clase de experiencias con el mundo de la lectura e intentar pensar que todas encierran mucho de verdad. Así entendemos cómo Maeterlink llegaba a intuir que, en realidad, leer era como sumergirse en una especie de abismo en el siempre creemos descubrir objetos maravillosos. Si les aplicamos semejantes conceptos a nuestros jóvenes lectores, parte del éxito estará logrado. La actividad subjetiva de la lectura conllevaría una respuesta personal a esa exigencia imposible en que se convierte el propio acto de leer.
        Me voy a permitir terminar con la referencia a un libro que acabo de leer y que tiene mucho que ver sobre este concepto sobre el que vengo divagando, me refiero a un libro titulado, No es para tanto. Divagaciones sobre la lectura (2002), de Víctor Moreno en el que, entre otras, dice cosas como la siguiente: «escribo (...) a cuento de las exageraciones que sueltan algunos analistas de la cosa lectora con el objetivo loable de defender la lectura... para los demás. Con los años, aprendes que la dignidad no requiere madurez (...), ni lectura, pero, al parecer, quien a lo  largo de toda su infancia y adolescencia no vio jamás un libro en casa de sus padres, debió estar privado de ella». Y personalmente añado lo siguiente: en mi casa no había libros, aunque, sí, muchos tebeos, y siguiendo al profesor Moreno, afirmo que tal vez esas lecturas, las de los tebeos, me refiero, no me imprimieron esa dignidad o madurez que se esperaba de las grandes obras, pero sí puedo afirmar que me llevaron a un mundo de puertas tan abiertas que hasta el momento nadie a conseguido cerrármelas y, si esto no un acto de dignidad suficiente, al menos a mí me ha servido como esa propensión a la libertad absoluta que todos ansiamos. En este sentido la mía ha sido tal que aún sigo añorando los años felices en los que me pasaba los días leyendo las aventuras de mis héroes dibujados.  

jueves, 23 de marzo de 2017

Ana María Moix



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UNA AUTOAFIRMACIÓN
      
       Ana María Moix (Barcelona, 1947) fue una aventajada escritora cuya precocidad puso de manifiesto José María Castellet al incluirla en su libro Nueve novísimos poetas españoles (1970). En el período de poco más de tres años dio a la imprenta tres poemarios que recogería posteriormente en A imagen y semejanza (1984). La editorial Lumen publica «La biblioteca Ana María Moix» e incluye seis títulos de su quehacer narrativo. El primer volumen es una nueva entrega y recoge diez cuentos escritos en los últimos años, lleva el título significativo, De mi vida real nada sé (2002). La colección constará, además, de la novela, Vals negro, publicada, inicialmente, en 1994,  Las virtudes peligrosas, libro de relatos que se publicó en 1985, Walter, ¿por qué te fuiste?, novela de 1973, su primera colección de relatos, Ese chico pelirrojo a quien veo cada día, publicado en 1971 y, finalmente, la novela Julia, una de sus primeras incursiones en literatura de 1970.
       Los cuentos, De mi vida real nada sé, vienen a significar, tres décadas después, la reflexiva madurez de toda una obra anterior y, a su vez, ponen de manifiesto el enriquecimiento personal de una autora que ha ido observando cómo pasa el tiempo, ha sufrido los consabidos desengaños, tanto los personales como los ajenos, se enfrenta a una madurez consciente y afirma de forma muy consciente que, en realidad, de su vida real apenas sabe nada. Se trata, evidentemente, de una autoafirmación que muestra la elegancia de todo un estilo. Además, de los diez relatos que contiene este breve volumen, algunos resultan una sorprendente visión particular, como el primero, porque reinventa el extraño fenómeno de esa «metamorfosis» kafkiana; en el resto, insiste,  entre otras cosas, en esa realidad que esconde todo un mundo de ficción, el de las apariencias y en esa otra prolongada visión de la agonía de la muerte, ensayada por la narradora anteriormente y así escribe el no menos fabuloso relato titulado, «Autobiografía mortal», cuya presentación resulta no menos excepcional. Otros temas de igual calaje salpican sus historias, la atmósfera que recrean los personajes de «Ronda de noche», el suicidio y la muerte de «Un árbol en el jardín», el humor y la moralidad «Un día, de repente, sucede» o la hipocresía, los desencuentros amorosos, la sátira social, y todo tamizado por una mirada con un hermoso acento lírico. Quiero resaltar los personajes de Ana María Moix, vistos desde una panorámica narrativa más amplia, porque ejemplifican en anteriores historias publicadas hasta el momento, lo que ella siempre ha defendido, «que es la propia voluntad del protagonista quien decide cómo aparecerá en el texto», casi paralelamente como por la vida, es decir, con absoluta discreción o haciendo todo el ruido posible. Incluyen sus textos, también, aquellas verdades que como mentiras se convierten en esos valores morales que resultan variables según la época.







DE MI VIDA REAL NO SÉ NADA
Ana María Moix
Barcelona, Lumen, 2002.

miércoles, 22 de marzo de 2017

150.000

       Creo que no está nada, pero nada mal, la cifrada de estos últimos días...




martes, 21 de marzo de 2017

José María Merino



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CUADERNO DE LA IMAGINACIÓN
              
       La frontera entre la realidad y la ficción es una relación sobradamente cuestionada en la narrativa contemporánea. En lo que respecta al relato o cuento y su variada extensión, esos mismos términos y la temática esgrimida por los mismos, han sido puestos en tela de juicio a la hora de hablar del género y de su dosificación. Hablaremos de microrrelatos cuando se refiere a una economía del lenguaje y a sus variedades temáticas y argumentales. El escritor José María Merino (La Coruña, 1941) es, a estas alturas, dueño de una amplia labor en el terreno de la narrativa breve. Ahora sorprende a sus lectores con Días imaginarios (2002), cien invenciones literarias, como reza en la contraportada del libro, que contienen toda una miscelánea de textos inclasificables por su heterodoxia y riqueza, tanto narrativa como imaginativa.
       Los textos se parecen a apólogos, esbozos de cuentos, sueños, sentencias, recogen leyendas y mitos o se verifican como auténticos artículos que nos remiten al mundo de su ficción. El escritor gallego ya había recogido en algunas colecciones, Cuentos del reino secreto (1982), Artrópodos y adanes (1987), El viajero perdido (1990), Cuentos del Barrio del Refugio (1990), 50 cuentos y una fábula (1997) buena parte de este mundo. Muchos de los textos que contiene este último libro nos remiten a sus permanentes obsesiones literarias, aunque con esa particularidad del verdadero escritor capaz de compaginar lo clásico con lo moderno, lo humanamente experiencial que conlleva la vida y la literatura. Así, en buena parte de estas historias, se puede hacer un auténtico rastreo de lo cotidiano, como por ejemplo, en los textos denominados, «Del almanaque...», doce en total, que se refieren a los meses del año y a sus fiestas más señaladas: Reyes, Semana Santa, flores de Mayo, vendimia, día de Santos..., y que enlazan con toda una tradición universal.
       Breve ensayo de prosa multigenérica en textos que rezuman magia, sugieren incluso más de lo evidente, contienen imágenes repletas de ironía que remiten tanto a la fantasía como a la cotidianidad. Sabiduría oriental u occidental, erudición para salvar muchas leyendas contenidas en el baúl de nuestros recuerdos y recobradas por la prosa de Merino. Otra interpretación sería la del esbozo de un cuaderno de notas, artefacto válido para interpretar la literatura y lo que confiere su mundo.






DÍAS IMAGINARIOS
José María Merino
Seix-Barral, Barcelona, 2002

lunes, 20 de marzo de 2017

María Tena



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LO  DIARIO
              
       El mundo de lo cotidiano, lo que asumimos diariamente como pretexto para descubrir buena parte de la vida de los protagonistas de, Tenemos que vernos (2003), la primera incursión narrativa de una desconocida  María Tena (Madrid, 1953), quien hasta el momento había publicado algunos relatos, artículos y entrevistas en la prensa. La historia se inicia tras el descanso vacacional de toda una familia, en el sur; un mes de tranquilidad, sin contratiempos, con la exclusiva obligación de cumplir a diario con el rito de visitar la playa, y comer, cenar, dormir o leer sin medida. Las primeras imágenes: una pareja, de mediana edad, vuelve a Madrid en el deportivo rojo que ha adquirido recientemente el marido, uno de esos caprichos que él mismo decidió concederse el día que cumplió cincuenta años; los hijos volverán, al día siguiente, en el coche grande y con el resto del equipaje.
               La narradora reflexiona, tras este pasado paréntesis, sobre el concepto de la vida pasada o, aún más, sobre el desarrollo de su relación de pareja y de su propia existencia durante los más de veinte años de matrimonio; al hilo, se añaden juicios sobre la amistad y las relaciones humanas o sobre el evidente concepto humano de culpa. María Tena elabora este largo diario estructurándolo en dos niveles muy diferenciados: de una parte la historia a contar, ¿la de un amor y un desamor?, y, de otra, los mensajes que, confidencialmente, enviará la protagonista a una desenfadada amiga, según el desarrollo de los acontecimientos, pidiéndole, en cualquier caso, consejo pero sin obtener respuesta. Así asistimos, en un gradual proceso narrativo, a la aparente caída de una mujer, a la velada expresión de sus sentimientos más íntimos y, también, al despertar de nuevas sensaciones, tras meditar sobre ese concepto común de que, pese a todo, siempre es posible volver a empezar. Clara, la protagonista, es una mujer culta que trabaja en una editorial, conoce la profesión y ha tenido cierto éxito en el medio, vive a las afueras de Madrid en una espléndida casa, y de una manera holgada; su marido, Pedro, es arquitecto y dirige una constructora familiar, se ausenta frecuentemente y olvidas sus obligaciones matrimoniales; tienen dos hijos, disfrutan de algunas amistades, hacen vida social y se enfrentan al paso del tiempo. Clara se enfrenta, tras un paréntesis estival, con cierta pereza, a un nuevo invierno. Los acontecimientos se suceden en su vida: la venta de la editorial, un nuevo jefe, nuevas aventuras profesionales, un aparente alejamiento de los hijos y el marido, el paréntesis de una relación extramatrimonial y la aventura a una improvisada vida que cerrará el ciclo vital de la protagonista. Tena acierta con la construcción del personaje femenino, desdibuja deliberadamente los masculinos, pero consigue con la expresividad de un lenguaje cotidiano, con la mansedumbre de un fluir narrativo bien contado, acercar la historia a ese tipo de lectores que disfrutarán descubriendo que muchas de las cuestiones y de las nimiedades de nuestra vida se mueven en ese espacio de autoengaño y de improvisación con que nos sorprende nuestra cotidianidad. Esto es, subsistir a la tragedia de lo diario. 







TENEMOS QUE VERNOS
María Tena
Anagrama, Barcelona, 2003

domingo, 19 de marzo de 2017

Desayuno con diamantes, 103



LABERINTOS DE UNA SOLEDAD

   
        Truman Capote, «enfant terrible» de las letras norteamericanas, es uno de los grandes escritores de su tiempo, inventó el nuevo periodismo literario que tanto éxito le procuró, y llegó a decir: «Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio». La crítica califica a Capote como un autor emblemático por su precocidad, su fascinante aureola de malditismo, y el rigor de su escritura. Su estilo recuerda a los primeros textos de Faulkner, el maestro de la nueva narrativa norteamericana, aunque en el discípulo tanto sueño como realidad se confunden por esa naturalidad de joven prometedor cuando sus referencias personales pasan a sus relatos: su visión narcisista de la homosexualidad y el sexo en general. Sus primeras obras, la novela, Otras voces, otros ámbitos (1948) y los cuentos, Árbol de noche y otras historias (1949) lo consagran como el artífice de una prosa poética perversa en su contemplación mítica de las cosas, o en su visión nostálgica y llamativa de la gran urbe; sin embargo, subyace la mirada del sur como un lugar para la inocencia. Los cuentos, primeros tanteos narrativos del joven escritor, reflejan las lecturas de sus contemporáneos: Carson McCullers y Eudora Welty, aunque en Capote revelan la visión humana de un narrador de raza, cuya estela existencial se envuelve en un aire dramático y satírico, como era manifiesta su indiscutible personalidad, y evidencian, también, esa visión trágica y decadente de un mundo rural sureño que nos proporciona de protagonistas a niños en la calle o ancianos encerrados en los pueblos asfixiantes de esa América profunda tan cinematografía; las alusiones a abundantes episodios autobiográficos del personaje-autor nos obligan a observar esa dolorosa infancia de la que el narrador supo sacar tanto partido.
        “Empecé a escribir a los ocho años, —afirmó una vez, Capote— así, sin más, sin inspirarme en ningún ejemplo. No había conocido a nadie que escribiera; y, ciertamente, conocía a muy pocos que leyeran”. La escritura se convirtió en un rasgo inherente, lo más interesante que escribió por aquellos años de su niñez fueron observaciones cotidianas y sencillas, descripciones de un vecino, cotilleo local, una manera de “ver” y oír” que se convirtió en característica formal de su escritura, y en esa voz de auténtico reportero en sus relatos más tempranos. La editora Anuschka Roshani, señala que en la caja “High School Writings”, depositada en la New York Public Library, pensaban encontrar los garabatos inacabados de un joven imberbe y, para su sorpresa, en ese montón de manuscritos mecanografiados, llenos de anotaciones, se escondían un puñado de relatos de cuando el autor tenía catorce, quince o dieciséis años, publicados originariamente en The Green Witch la revista literaria de su instituto. Las frases que contienen estos Relatos tempranos (2016) desprenden ya, según Roshani, esa melodía capotiana tan inconfundible, y rezuman el aroma a tierra abrasada por los largos y tórridos veranos de los estados sureños: aroma un tanto rancio y lleno de lúgubres presentimientos. En estos textos tempranos de Truman Capote —la curiosidad de esta edición se sustenta, precisamente en estas características— ya encontramos el repertorio de temas, de emociones, de conflictos que marcarían al escritor el resto de sus días. Se trata de narraciones sugerentes que parten de observaciones y de experiencias biográficas propias, tantean experimentos y dibujan retratos; cuentos donde la soledad está presente en cada historia, domina un ansia por salir de las estrechas fronteras de los pueblos del sur, denuncian la dura condición de la gente de color y, en mitad del mundo de la infancia y la vejez, sobresale el amor y la muerte; en el cuento “Esto es para Jaime”, en unas repetidas visitas al parque, el pequeño protagonista entabla amistad con una bella mujer y con el perrito que la acompaña, es el propio Truman, el niño no deseado, que tanto echa en falta el cariño de una madre, el drama se extiende en todo el texto coronado de un aura de misterio, y muestra una especial sensibilidad que emociona; interesante y maduro resulta “Louise”, ensayo sobre la envidia y la venganza, donde se aborda, de forma magistral, el conflicto racial, los prejuicios y la injusticia contra la gente de color.


       Sobresale, en estos catorce Relatos tempranos, la perspectiva cerrada de la infancia de Capote, el joven escritor habla de lo que conoce, y trasciende de las proximidades, o apresa estados universales del alma, siendo aun niño o adolescente. Ricos en una variedad de tonos y de temas que se repiten: el miedo y el enigma asoman, por ejemplo, en “Terror en el pantano”, y la necesidad y la búsqueda del ideal del amor se convierte en el centro de “Si yo te olvidara”; especialmente hermoso, el relato “La señorita Belle Rankin”, la historia de una mujer negra “que parecía demasiado vieja para estar viva” y tenía tanto apego a sus membrillos japoneses que no duda en darle con la puerta en las narices a un comprador dispuesto a pagar una fortuna por ellos. Capote siempre empatiza con sus personajes, aunque es manifiesta su voluntad por experimentar y construir tempranas y nuevas estructuras: significativo, “Tráfico Oeste”, un tríptico narrativo donde el autor se pregunta por el sentido de la vida; en realidad, tres historias, tres situaciones diferentes, con un final como punto de unión, la intención de los personajes de viajar en autobús. Capote introduce en los tres el azar y juega a quebrar el sentido de las narraciones, quiebro que se produce en nuestra vida, capaz de cambiar el rumbo, y el destino. Llama la atención la primera parte del relato, de absoluta actualidad, de una evidente intención anticapitalista, y la paradoja: un ejecutivo convence a sus compañeros a que renuncien a un negocio y obtener beneficios porque, aunque las operaciones sean legales, resultan injustas para los trabajadores.
       Los marginados, los débiles, los solitarios, los enajenados, son ya visibles en estos Relatos tempranos de Truman Capote, que pese a frecuentar buena parte de su vida en la exclusiva y sofisticada sociedad neoyorquina de su tiempo, no dejó nunca de sentirse el niño sureño excluido, el joven diferente y rechazado en continua búsqueda de afecto.

Truman Capote; Relatos temprano; Barcelona, Anagrama, 2016; 181 págs.

sábado, 18 de marzo de 2017

Madrid y las beguinas



     El pasado miércoles 15 fue la presentación oficial de El secreto de las beguinas en Madrid. La Librería El Molar nos acogió y allí estuvieron amigos entrañables y puse cara a otros con quienes tenía contacto literario y no conocía personalmente; fue una auténtica fiesta para mí, y muchos de ellos me demostraron su amistad sincera. Gracias a todos y en próximos días os iré nombrando como merecéis.







Con mi amigo Pepe Bernal

Con mi maestro Pablo Jauralde